Artículo aparecido pocos días antes del 8M en la sección «Una ventana al tercer sector» de La Verdad con la firma de Rosa Cano (presidenta de EAPN Región de Murcia), Juan Antonio Segura (director de CONVIVE Fundación Cepaim) y Pedro Martínez (presidente del CERMI Región de Murcia).
En la Región de Murcia, como en muchos otros rincones del mundo, miles de mujeres enfrentan una realidad de exclusión que pocas veces se visibiliza. No se trata únicamente de discriminación por su género, que ya es, en sí, una carga pesada. Es el cruce con otras barreras –económicas, sociales, culturales– lo que amplifica sus desafíos en un entorno que a menudo no les brinda las herramientas necesarias para avanzar hacia la ansiada igualdad.
Dentro de nuestra región conviven realidades muy distintas, pues no es la misma realidad social la de las ciudades que la de las pequeñas localidades rurales del interior murciano, donde el acceso al transporte público es limitado y la distancia a centros educativos o sanitarios se convierte en un obstáculo en sí mismo. En estos entornos, muchas mujeres se ven empujadas a asumir roles tradicionales, atrapadas en una rutina donde las tareas del hogar y el trabajo agrícola, tan fundamentales para la economía local, no se traducen en reconocimiento ni en oportunidades. Aquí, los roles de género actúan no solo como normas no escritas, sino como barreras casi impenetrables.
El paisaje cambia, pero la exclusión persiste cuando giramos la vista hacia la población inmigrante en Murcia. En una comunidad caracterizada por la diversidad cultural, muchas mujeres que han llegado en busca de un futuro mejor se enfrentan a un muro de prejuicios. El desconocimiento del idioma, la falta de redes de apoyo y los estigmas asociados a su origen cultural las relegan a los márgenes del mercado laboral, donde ocupan trabajos precarios y mal remunerados. Lo que debería ser una nueva oportunidad a menudo se convierte en una batalla constante por la dignidad.
Entre estas historias, encontramos también las de las mujeres gitanas, cuyas vidas están atravesadas por una discriminación que combina factores económicos y culturales. A pesar de los importantes avances en educación, muchas niñas gitanas abandonan la escuela antes de completar su formación, perpetuando un ciclo de pobreza y riesgo de exclusión que parece inquebrantable. Las expectativas culturales y los prejuicios sociales operan como cadenas invisibles que limitan sus opciones y sus sueños.
No podemos olvidar a las mujeres con discapacidad en nuestra región, quienes, en su día a día, enfrentan barreras que van más allá de la accesibilidad física. Son barreras sociales y laborales que las excluyen de forma sistemática. A menudo vistas como dependientes, luchan por encontrar oportunidades laborales que reconozcan su capacidad, mientras el entorno las sigue relegando a un segundo plano.
Pero en esta maraña de obstáculos, quizás uno de los silencios más abrumadores es el que rodea a las mujeres que lidian con adicciones. Enfrentan un doble estigma: el que recae sobre su condición de salud y el que desafía las expectativas de lo que ‘debería’ ser una mujer. Para ellas, la sociedad suele ofrecer un rechazo disfrazado de indiferencia, dejándolas sin acceso a tratamientos adecuados ni redes de apoyo, por lo que en este caso la acción de las entidades sociales que se dedican a mitigar estas situaciones es crucial para conseguir que estas mujeres salgan de esta terrible situación.
La lucha contra la doble o triple discriminación no es sencilla, pero es imprescindible. En la Región de Murcia, las soluciones no pueden limitarse a políticas genéricas, ni a acciones puntuales. Se necesita un cambio de paradigma, una visión transversal que reconozca y aborde las múltiples capas de exclusión que enfrentan estas mujeres. Desde mejoras en transporte y servicios en las zonas rurales, hasta la inclusión activa de mujeres inmigrantes y minorías en los programas sociales y laborales, y ahí es donde las entidades del tercer sector tenemos que trabajar poniendo todos los recursos que tenemos al alcance con el fin de lograr este objetivo.
Es crucial dar voz a estas mujeres, colocar sus historias en el centro del debate público y no relegarlas a los márgenes del discurso. Solo al escuchar, entender y actuar con un enfoque inclusivo lograremos avanzar hacia una sociedad más justa, no solo para ellas, sino para todos, pues el día de la mujer debe de ser un día reivindicativo de la sociedad murciana en su conjunto frente a la desigualdad de género y no solo por parte de las mujeres.
A las puertas de la celebración del 8 de marzo, queremos poner en valor las aportaciones de las mujeres, de todas las mujeres, al desarrollo regional y de nuestro país, poniendo de relieve que la igualdad de género se erosiona y se cuestiona desde algunas posiciones políticas, las brechas salariales de género y los techos de cristal persistentes en muchas de nuestras empresas y organizaciones y la violencia machista no cede, con 48 mujeres asesinadas a manos de sus parejas en 2025 en España y 9 en lo que va de 2026.
Hoy desde esta ventana queremos recordar a algunas de las grandes mujeres que han contribuido a que avancemos en derechos e igualdad en nuestra sociedad, mujeres como ‘las sin sombrero’, Clara Campoamor, Victoria Kent, Concepción Arenal, Carmen Conde, Malala Yousafzai, Eleanor Roosevelt, pero también las miles de mujeres invisibles que son un activo de nuestra sociedad.
Queremos poner en valor a las mujeres del tercer sector que lideran el cambio social en Murcia y en España, impulsando programas que apuestan por la integración, la igualdad, la solidaridad y la cohesión social.
La esperanza para seguir construyendo un futuro en igualdad radica en la fortaleza de las mujeres, en su capacidad transformadora. Como nos recordaba Eleanor Roosevelt, los derechos humanos se hacen realidad y se defienden desde los pequeños lugares, desde las escuelas, los barrios, las empresas, las organizaciones… Porque, como ella nos dijo, los derechos no se heredan: se defienden, día a día, cerca de casa. Hoy nos toca defenderlos, pues están siendo amenazados.







