Cuentos anormalespatricia moreno

Cuentos anormales es una colección de cuentos que forman parte de la campaña «La pobreza no es normal«.

Los relatos hablan a través de una ficción más real que irreal de la pobreza en época de la Covid-19. Se acompañan siempre de ilustraciones y de un una versión en audio.

Comiendo con Godot

 

Su nueva normalidad empezó hace semanas. Se despierta muy temprano, innecesariamente temprano. Con suerte, ya se escucha a algún pájaro cuando la cama se le empieza a hacer incómoda. Aguanta hasta que la mañana empieza a clarear. Sale entonces de la cama. Camina descalza hasta la habitación de las niñas. Se queda quieta en la puerta hasta que confirma que sí, que respiran. Tiene ese miedo irracional desde que nació la mayor: que dejen de respirar, de repente, sin causa alguna. 

Cuando confirma que las hijas respiran, camina, todavía descalza, hasta la cocina. Se prepara un café descafeinado soluble. En realidad, si por ella fuera, se tomaría un café con leche. Café hecho en cafetera italiana. Café con cafeína. Leche fresca entera. Pero ella hace ya tiempo que desapareció entre los problemas cotidianos y las mil y una dificultades del día a día. Así que, calienta agua, la mezcla con el café soluble más barato que se puede comprar en el súper, le echa un poco de azúcar y se lo bebe antes de que se enfríe. Enciende la radio aunque es incapaz de mantener la atención en las noticias, como si no necesitara saber nada más sobre la actualidad de lo que ya sabe.

El café quema. Pero a ella le gusta así. Sus hijas se asombran de que pueda tomarse las cosas tan calientes. Lo consideran uno de sus superpoderes. Algún día, si no lo han hecho ya, descubrirán que son muchos los problemas que su madre no puede solucionar. 

Mira el reloj. Falta una eternidad para que sean las nueve. Han sido las nueve 54 veces desde la declaración del estado de alarma. Sin contar festivos, fines de semana o vacaciones de semana santa y fiestas de primavera. 54 veces las nueve lectivamente hablando. 54 veces las nueve y 54 veces que ha llamado por teléfono. Hola, llamo por lo de las becas de comedor. Quería saber cuándo las van a pagar. La voz al otro lado ha fingido sorpresa 54 veces. ¿Cómo? ¿Todavía no las han pagado? No me lo puedo creer. Seguro que se soluciona hoy mismo y mañana a más tardar tiene el ingreso hecho. La voz al otro lado quiere hacerle creer que no tiene nada que ver, que su parte de responsabilidad es cero. Entonces, ha pensado ella 54 veces lectivas, la voz al otro lado no debe ser de una persona. Todas las personas somos responsables. Cada una de lo suyo.

patricia moreno

Mira el reloj. Falta una eternidad para que sean las nueve menos un par de minutos. Podría llamar ya pero nadie coge el teléfono antes de las nueve. Suponiendo que la voz vacía e irresponsable del otro lado sea alguien. Escucha algunas palabras a lo lejos, palabras que parecen hablarle directamente. Es la radio. Hablan de las becas de comedor. Hablan de sus hijas pero nadie sabe que ya no comen yogures o fruta salvo melocotones de lata. Nadie sabe el tiempo que hace desde la última vez que les pudo hacer pescado a la plancha o cuánto arroz, pasta y legumbres han comido en las últimas semanas. Arroz con un poco de tomate frito. Arroz con habichuelas. Macarrones con una lata de atún. Más arroz con más habichuelas. Más macarrones con tomate frito. 

Su abuela contaba de vez en cuando lo que comían durante la posguerra: arroz y habichuelas los días pares. Arroz y habichuelas los días impares. El hambre, decía su abuela, es también comer siempre lo mismo.

Cuando la pandemia era un imposible, cuando las casas seguían abiertas para ir a limpiar o planchar, cuando trabajaba y ganaba dinero (la mitad en negro pero a la cajera del súper eso le daba igual) fueron un fin de semana a no sé qué cosa que se celebraba en Santa Eulalia. Sus hijas querían ir porque querían comer en un Food Truck. Con lo que pagó por cuatro tonterías, podrían comer ahora casi una semana. A lo lejos, apareció alguien importante. Le rodeó una pequeña multitud. La persona importante habló y dijo cosas muy bonitas de la ciudad y del futuro. Ahora, cuando intenta recordar esas palabras, solo le vienen a la cabeza sonidos extraños e irreconocibles. Más cerca del silencio hueco que de un idioma extranjero.

patricia moreno

Son las nueves del quincuagésimo quinto día lectivo tras el estado de alarma. Se pone las zapatillas porque, sin razón alguna, llamar por teléfono descalza le parece de mala educación. Marca el número. Nadie lo coge. Marca de nuevo. Nadie lo coge. Respira como si respirando fuera a conseguir algo pero a veces solo se puedo respirar. Marca por tercera vez. Comunica. Algo es algo. Cuelga. Hace tiempo caminando por el pasillo arriba y abajo. Marca por cuarta vez. Nadie lo coge. Una de las niñas parece que se ha despertado. Se acerca a la habitación y cierra la puerta. No quiere que escuchen, otra vez, la misma conversación. Marca por enésima vez. La voz al otro lado responde. Y la nueva normalidad repite su conversación de cada mañana. Hola, llamo por lo de las becas de comedor. Quería saber cuándo las van a pagar. ¿Cómo? Todavía no las han pagado. No me lo puedo creer. Seguro que se soluciona hoy mismo y mañana a más tardar tiene el ingreso hecho.

Puedes escuchar el cuento leído por la periodista Rosa Roda:

pobreza normal

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